Veintitrés años, cero pesos: Tigres y una universidad que nunca recibió una renta, ni el 50 por cuento de los ganancias del equipo zl reportar pérdidas
Isaac Guerra
Monterrey — Bajo el cielo gris de la ciudad industrial del norte de México, en el campus de la Universidad Autónoma de Nuevo León (UANL) en San Nicolás de los Garza, se erige silencioso un estadio con forma de cráter volcánico. Los aficionados lo llaman «El Volcán». Desde su inauguración el 30 de mayo de 1967, ha sido testigo de medio siglo de gritos y euforia.
Pero en la sombra de ese «Volcán» hay un contrato.
Firmado el 12 de junio de 1996. Ese año, Tigres acababa de descender a la Primera División A, y la universidad necesitaba desesperadamente que alguien se hiciera cargo del equipo en crisis. El entonces rector interino, Reyes Tamez Guerra, en su carácter de representante legal, cedió unilateralmente la administración del club —atención: la administración, no la propiedad— a Sinergia Deportiva, una empresa controlada por CEMEX y FEMSA.
El contrato decía: la universidad conservaba el derecho al 50% de las utilidades. También decía: el equipo debía conservar el escudo y los colores de la universidad, so pena de rescisión.
Veintitrés años después, cuando el periódico La Jornada obtuvo una copia del contrato, sus reporteros encontraron algo casi absurdo: en los primeros diecisiete años, Sinergia Deportiva nunca entregó un solo peso a la universidad.
No hubo utilidades porque nunca se declararon utilidades.
Un anexo «desaparecido»
En marzo de 2013, Gerardo Cornejo, de la asociación civil Tigres Plus, se paró frente a los reporteros con un documento en la mano. Era la respuesta que la oficina de transparencia de la universidad le había dado.
El documento decía: el Anexo C del contrato que solicitaba «no fue localizado», por lo que se «declara su inexistencia».
¿Qué era el Anexo C? Según el cuerpo del contrato, ese anexo establecía que el equipo debía conservar estrictamente el escudo y los colores de la UANL, «so pena de rescisión del contrato».
CEMEX los cambió desde el principio.
«Violaron el contrato, con la complicidad de rectores sucesivos», dijo Cornejo. «Declararon inexistente una parte fundamental del contrato. Eso era causal de rescisión. No lo hicieron. El contrato establecía claramente que no se podía cambiar el emblema ni los colores de la universidad».
La respuesta del titular de Transparencia de la UANL, Pablo Rivera Carrillo, fue de una precisión casi glacial: «El Anexo A nos fue proporcionado por la Oficina del Abogado General de la universidad, pero el Anexo C al que usted se refiere no. La razón es que dicho documento no fue localizado en los archivos de la oficina mencionada, declarando así su inexistencia, lo que nos imposibilita materialmente proporcionárselo».
Un documento capaz de decidir la vigencia del contrato desapareció de los archivos de la universidad.
«No existe una razón lógica económica»
La pregunta que Tigres Plus planteaba era, en realidad, simple hasta resultar incómoda.
«El objetivo principal de una empresa privada es obtener ganancias», dijo Cornejo. «CEMEX nos ha demostrado que siempre se ha deslindado de las empresas que le reportan pérdidas. Por tal motivo, no existe una razón lógica económica de que Sinergia Deportiva siga administrando un activo que le genera pérdidas. Obviamente, la razón es que es mentira. Hay corrupción».
El punto de partida de esa lógica es un conjunto de números. En 1996, la universidad entregó a Sinergia los derechos de registro de 31 jugadores del primer equipo, valuados en 55.4 millones de pesos —entre ellos Dante Siboldi, que después se haría famoso. Además, 18 jugadores juveniles valuados en 1 millón de pesos. Y uniformes, ropa deportiva, balones, bombas de aire y conos de entrenamiento por 106,785 pesos.
¿Qué recibió la universidad a cambio? 15 millones de pesos en efectivo y 5 millones en especie (cemento, para obras universitarias), un total de 20 millones de pesos.
«El equipo no les costó un peso a las personas que lo están administrando», dijo el entonces rector José Antonio González en la sesión del Consejo Universitario de 2009.
Ese mismo rector dijo algo que quedó registrado: «En los estados financieros que nos han presentado durante 13 años, nunca han declarado utilidades; el equipo siempre ha manifestado pérdidas».
El silencio en el Congreso
En 2009, el diputado local Gerardo Javier García Maldonado llevó el tema al Congreso de Nuevo León.
Dijo que en trece años de gestión, Sinergia Deportiva «nunca ha informado, ni rendido un balance financiero al Consejo Universitario». Dijo que «no es posible que se esté engañando a la Casa de Estudios, que algunos empresarios estén haciendo como que no venden y el equipo ya está en manos de gente tapatía».
Pidió al Congreso respaldar al Consejo Universitario y, si fuera necesario, tomar la «decisión drástica» de «revocar o cancelar el contrato con el grupo CEMEX».
Y entonces escuchó la respuesta.
«Veo que a la mayoría este tema no le interesa en lo más mínimo», dijo García Maldonado, y pidió terminar su intervención. «Creo que a la mayoría le interesan más sus intereses en CEMEX que en la universidad. Muchas gracias, he terminado».
2020: un contrato nuevo, la misma estructura
El 24 de noviembre de 2020, el Consejo Universitario aprobó un nuevo convenio. El acta de esa sesión está llena de elogios.
«Gracias por esta actualización», dijo un consejero alumno. «Veo que se mejoraron los montos de becas, de pensiones, del estacionamiento… los servicios básicos corren por cuenta de Sinergia».
El nuevo convenio sí trajo cifras concretas: 40 millones de pesos anuales al fondo de pensiones del personal universitario, 8 millones de pesos al fondo de becas, 22 palcos y 1,000 boletos. Sinergia se hace cargo de agua, luz y gas. La universidad ya no invierte en mantenimiento del Estadio. El convenio se extiende hasta 2056.
Los consejeros universitarios lo llamaron «un gran beneficio», «con sentido de responsabilidad social», «de gran trascendencia».
Pero la estructura no cambió. La universidad recibe cantidades fijas, no participación en utilidades. La cláusula del 50% de las ganancias fue sustituida por pagos fijos en el nuevo acuerdo. La universidad sigue sin participar de las utilidades del club, porque el club sigue «sin utilidades».
Y el anexo del escudo desaparecido nunca fue mencionado.
Quién responde
En julio de 2026, cuando salió la versión de que Apollo Global Management podría comprar el 40% de la participación de CEMEX en Tigres, la atención se centró en la estrategia financiera de CEMEX. Pero una fuente dijo a Milenio que el núcleo del asunto está en otro lado.
«Si la universidad no lo sabe y pretenden vender las acciones y capitalizar, sería un problema», dijo la fuente. «Apollo está muy interesado, la idea es venderles el 40% de las acciones del equipo, pero no es fácil convencer a las altas esferas de la UANL».
Porque el equipo no es de CEMEX. Es de la universidad. Lo que CEMEX tiene es la administración —un contrato firmado hasta 2056, un contrato que la universidad cedió «de buena fe» en 1996.
Y del cual la universidad, hasta hoy, nunca ha recibido un peso de utilidades.
«El Volcán» sigue en erupción. Cada día de partido, cuarenta y tres mil personas entran a ese estadio con forma de cráter, y las banderas azules y doradas ondean en las tribunas. Gritan, cantan, celebran los goles.
En algún archivero, o en ninguno, hay un Anexo C. Debía garantizar que ese azul y ese dorado pertenecieran siempre a la universidad.
«No existe».