Vucetich vuelve a la guerra vestido de Tigre, con un 6-3 que todavía vive en la memoria
Por Isaac Guerra
No hay fecha que no se llegue ni plazo que no se cumpla.
Y el plazo llegó.
Este sábado, a las 7 de la noche, el Estadio BBVA vuelve a ser escenario de una guerra que en esta ciudad se juega aparte: Rayados contra Tigres.
No importa cómo llegan. Uno dando tumbos, el otro buscando recuperarse. Las estadísticas, las rachas y los pronósticos quedan en segundo plano cuando aparece el orgullo.
Porque el Clásico es el Clásico.
Y el Clásico levanta muertos y endereza jorobados.
Pero esta vez hay una historia que vuelve a ponerse sobre la mesa: Víctor Manuel Vucetich.
El hombre que hizo época con Rayados, que los llevó a la cumbre y que se ganó un lugar como inmortal de la institución albiazul, ahora regresa a esta guerra vestido de Tigre, como entrenador y directivo.
Y su historia con los Clásicos tiene una página que nadie puede borrar de la memoria.
Porque cuando Vucetich dirigió a Tigres en su segunda etapa, le clavó un 6-3 a Rayados.
Seis goles.
Tres del Monterrey.
Un marcador de esos que se quedan tatuados en la memoria de una rivalidad.
La Liga podrá haber borrado aquel resultado de sus registros, pero no hay manera de borrarlo de la historia de los Clásicos. Ahí sigue, en la conversación de los aficionados, en los recuerdos de quienes lo vivieron y ahora, con Vucetich nuevamente vestido de auriazul, aquel 6-3 vuelve a cobrar vida.
Porque el sábado no solamente estará Vucetich frente a Rayados.
También estará su historia.
Del otro lado, Rayados estrenará entrenador en el derbi con Matías Almeyda, quien tendrá que entender rápidamente que este partido no da tiempo para explicaciones.
Tigres, además, pondrá sobre la mesa sus refuerzos llegados prácticamente al cierre de los registros. Llegaron para cambiarle la cara al equipo y tendrán una prueba de fuego inmediata.
Y habrá un ausente que pesa:
André-Pierre Gignac.
El último gran héroe felino ya no estará para escribir otra página de esta rivalidad.
Pero el Clásico no se acaba.
Porque esta historia se construyó aquí, en Monterrey, entre dos camisetas, dos aficiones y generaciones enteras que aprendieron que este partido no se juega solamente por tres puntos.
Se juega por poder decirle al vecino:
“Te gané.”
Y en la memoria de todos estarán también las voces que hicieron grande estos derbis.
La de Don Robert, con aquel inolvidable:
“¡Ánimo, señor!”
Y esa pregunta que ya es inmortal en los Clásicos:
“¿Quién va a ganar hoy?”
Este sábado habrá respuesta.
Que ruede la pelota.
Que aparezca la garra.
Que se desborde la pasión.
Porque podrán llegar como quieran…
pero nadie quiere perder el Clásico.
¡Que retumbe el BBVA!
¡CLÁSICO QUE TE QUIERO VER!