Por Isaac Guerra
MONTERREY, NL.- Se acabó el sueño.
Los Sultanes de Monterrey quedaron eliminados de la Serie de Campeonato de la Zona Norte al caer anoche 10-1 ante los Toros de Tijuana, en un quinto juego que, prácticamente, quedó sentenciado desde la primera entrada.
Y vaya manera de despedirse.
Con dos outs en la pizarra, Hernán Pérez conectó un grand slam que puso el juego 4-0 y convirtió lo que debía ser una batalla por el boleto a la final de la Liga Mexicana en una auténtica pesadilla para los Fantasmas Grises.
Desde ese momento, lo demás fue prácticamente de trámite.
El abridor de Tijuana, Adonis Medina, se encargó de apagar cualquier intento de reacción al lanzar 4.2 entradas sin permitir carrera, mientras el bullpen tijuanense terminó por cerrar la puerta.
Del otro lado, Manny Bañuelos recibió el golpe que terminó marcando el destino de Monterrey.
Los 18 mil 892 aficionados que abarrotaron el Walmart Park hicieron su parte. La afición respondió, pero el equipo no.
Y aquí aparece una ironía que duele todavía más.
“Para que la cuña apriete, tiene que ser del mismo palo”.
El verdugo de Sultanes fue nada menos que Roberto Kelly, el panameño que conoce como pocos las entrañas de la organización regiomontana.
Kelly fue campeón con Sultanes en 2018 y conquistó cuatro banderines de la Zona Norte al frente del club. Anoche, desde la caseta contraria, utilizó ese conocimiento para acabar con las aspiraciones de su antiguo equipo.
Así es el beisbol.
Sultanes tuvo una buena temporada y llegó hasta donde muchos quisieran llegar, pero en la hora de la verdad se encontró con un Toro que no tuvo piedad.
Tijuana sigue vivo. Monterrey, a casa.
Y para Sultanes queda una pregunta inevitable: ¿llegar lejos es suficiente o llegó el momento de exigirle a este equipo algo más?
Porque en Monterrey no se juega solamente para participar.
Se juega para ser campeón.